Tres son los temas principales que desarrolló su autor en este cuento: la locura, la culpa y la perversidad. La escena final del relato recrea simbólicamente aquello a que puede conducir un infierno conyugal. En ella se mezclan los horrores visuales con los auditivos.
“El cariño del gato por mí parecía aumentar en el mismo grado que mi aversión. Seguía mis pasos con una pertinencia que me costaría hacer entender al lector. Dondequiera que me sentara venía a ovillarse bajo mi silla o saltaba a mis rodillas, prodigándome sus odiosas caricias. Si echaba a caminar, se metía entre mis pies, amenazando con hacerme caer, o bien clavaba sus largas y afiladas uñas en mis ropas, para poder trepar hasta mi pecho. En esos momentos, aunque ansiaba aniquilarlo de un solo golpe, me sentía paralizado por el recuerdo de mi primer crimen, pero sobre todo -quiero confesarlo ahora mismo- por un espantoso temor al animal.”
La familia protagonista de esta historia conoce de primera mano la leyenda sobre una milagrosa pata de mono que concede deseos pero a un coste muy alto. El primero de ellos trae como consecuencia una desgracia familiar que se intentará subsanar en un segundo deseo de consecuencias terroríficas. Un tercer deseo podría arreglar la situación.
El cuento trata el tema del eterno deseo de la humanidad de conseguir lo imposible, hace que las historias sobre lámparas mágicas o talismanes imposibles nos resulten irresistibles.
Una de las historias en el especial de Halloween de la tercera temporada de Los Simpson tiene el mismo nombre y está claramente inspirada por el cuento.
En muchas versiones del cuento, el deseo final de la persona que tiene la pata de mono es jamás haber encontrado la pata o que otra persona que no les agrade encuentre la pata en su lugar.
El relato fue incluido por Jorge Luis Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo en su famosa Antología de la literatura fantástica.
Fragmento
“La señora retrocedió, con una mueca. El hijo tomó la pata de mono y la examinó atentamente.
-¿Y qué tiene de extraordinario? -preguntó el señor White quitándosela a su hijo, para mirarla.
-Un viejo faquir le dio poderes mágicos -dijo el sargento mayor-. Un hombre muy santo… Quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que nadie puede oponérsele impunemente. Le dio este poder: Tres hombres pueden pedirle tres deseos.
Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.
-Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas? -preguntó Herbert White.
El sargento lo miró con tolerancia.
-Las he pedido -dijo, y su rostro curtido palideció.
-¿Realmente se cumplieron los tres deseos? -preguntó la señora White.
me en canta las tramas de terror y suspenso y quisiera leer un poco mas
En Ciudad Seva puedes leer los de POE. Nunca fallan.